viernes, 26 de junio de 2015


Los niños se vinculan mucho mejor con acciones concretas que con enunciados abstractos. Y sobre todo en cuestiones ambientales, los hechos valen más que mil palabras. De nada servirá alentar a nuestros hijos a que consuman menos electricidad si nosotras vamos por la casa dejando una estela de luces encendidas. Tampoco vamos a lograr que hagan un uso racional del agua si cada vez que lavamos los platos la canilla queda abierta durante veinte minutos seguidos. Por eso, para construir conciencia ambiental, debemos considerar, como premisa básica, el gran impacto del ejemplo.

La importancia del contacto con la naturaleza
De forma innata, los niños sienten amor por la naturaleza y los seres vivos, por eso su curiosidad y apego por las plantas y animales que ven y les rodean desde muy temprana edad. Pero no podemos amar lo que no conocemos, por eso es esencial que nosotros, como papás involucrados en la tarea de educarles en valores medioambientales, hagamos por llevarles a espacios al aire libre, donde puedan apreciar la naturaleza.

Si ellos pueden ver a animales en su hábitat natural y plantas que necesitan agua limpia y aire puro para sobrevivir, esto les ayudará a entender cómo es la naturaleza y cuáles son las mejores acciones ecológicas para preservar los espacios naturales. Salir de casa, dejar a un lado la televisión y el ordenador, haciendo una caminata por la naturaleza, paseos familiares al aire libre, jugando en parques y plazas, servirá para enseñar a los niños apreciar y disfrutar de la naturaleza, y hará que sean más decididos a preservarla.
El origen de los alimentos: 
semillas, descubrir cómo crecen las plantas

Ver crecer sus propios alimentos enseña a los niños a apreciar lo que está sobre la mesa. Podemos animarles a plantar semillas y a cuidar sus plantas, para que ellos mismos vean cómo a partir de una pequeña semilla crece una planta que deberán cuidar y de la que brotarán flores y frutos. Aquí tiene una gran importancia que conozcan huertos urbanos, como los que muchos colegios ponen en práctica para sus alumnos. Otra buena idea es llevarlos al mercado o ferias de alimentación para que tomen contacto directo con el origen de los alimentos.

Enseñarles a reciclar: una forma de jugar y de ser responsables
El reciclaje puede resultar una actividad divertida y accesible para los más pequeños de la casa. Separar las latas, envases de plástico, papel y botellas, explicarles la diferencia entre unos y otros, y llevar cada uno a sus contenedores puede ser una práctica lúdica para ellos. Una opción muy divertida para hacer con niños es que decoren las papeleras de reciclaje, y que dibujen los residuos que pueden tirarse en cada contenedor, pegando cada dibujo en los cubos de basura de casa, para que cuando tiren algo a la basura les sea más fácil saber dónde va. También son actividades perfectas para hacer con niños las manualidades con material reciclado como envases o papel desechado de revistas o embalajes, y reutilizarlos para hacer disfraces, objetos decorativos o juguetes.